Hay orgasmos que se nos han quedado en las manos,
lúbricos anhelos y amorosos gemidos que han dormido
ante la indiferencia, no hay cielo si el infierno de la duda nos posee.
Te olvidas de mí y yo finjo que ya te he olvidado,
en esa guerra de egos se erige triunfante la helada, no hay besos, sopla el viento deshojando las ganas.
La caricia yace dormida, un glaciar nos aprieta los muslos,
y se asfixia todo deseo a la espera de un sol que incinere la distancia que nos abraza.
M. Alexandra

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