Te escabulles, reptas por mi ser, escapas, alargas tus dedos a mí y estremeces mi piel no
dormida, hay sensaciones hasta antes de
ti desconocidas que ahora anhelo, sonríes
malicioso, te apoderas de mi vientre en
un beso que se hace castigo interminable hasta llegar al monte de Venus en mi cuerpo, señorial arropas con tus labios la fuente de
tus deseos, me bebes cual agua de río, tu mirada es un incendio que me quema, cede la cera de mi cuerpo a la extensión de
tus lenguas de fuego, me moldeas, amanece
ahí, afuera.
Y hay tantos murmullos creciendo que se confunden con mi respiración agitada, oscura, cobran vida tus dedos y pintan mi carne, intento mantenerme ecuánime, (¿pero quién logra la cordura entre tus besos?) Atrapas mi flor de loto y suavemente la deshojas.
Y hay tantos murmullos creciendo que se confunden con mi respiración agitada, oscura, cobran vida tus dedos y pintan mi carne, intento mantenerme ecuánime, (¿pero quién logra la cordura entre tus besos?) Atrapas mi flor de loto y suavemente la deshojas.
Has abierto senderos nuevos por mi cuerpo, sostienen tus manos mis deseos hasta el
estremecimiento entero.
Por un instante te detienes y me miras, (sonríes) suspendes todo movimiento, ya no hay mariposas en mi vientre, ya no hay fuego en mi piel, el volcán nuevamente duerme tras el estallido, sí, te
diviertes, me evitas el tacto.
Cierro los ojos y me besas los suspiros, vuelve el calor a recorrerme, sé tu destino, sé que al final nuevamente habrás de poseerme.
M. Alexandra
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