Has llegado a mí silenciosamente,
y como ladrones tus dientes van adquiriendo uno a uno mis suspiros,
de leves huellas has de vestir mi recuerdo tras cada encuentro.
Tu mano es fuego y tus ojos son vitrales, prismas de luz llevándose la noche,
que cadencia crean tus besos en mi piel, eres una hecatombe,
somos lluvia, humedecemos la noche que crece,
amor a cuatro manos y dos bocas,
"ánclate hasta el delirio", murmuras, en la cabalgata me cedes ser el jinete,
campo abierto son nuestros cuerpos, en el umbral del grito me silencias a besos,
no hay sed mientras tú eres el oasis donde bebo,
acunas mi sexo en tus labios, como respuesta a tu lengua de fuego
te aprisionan mis piernas para no permitir que escapes.
Penetra el día, y con un último segundo entre la vida que se me escapa
y la muerte que me renace, deliro extasiándome en tus silencios rotos.
Temblando cedo a cada embate tuyo, suspirando libero de su prisión a mis manos,
danzan en tu espalda dejando surcos, el espasmo viene,
y unidos, entrelazados, al éxtasis nos entregamos.
M. Alexandra



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